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El blog del editor

  1. Patricia y Michel

    01.02.2012

  2. Lección de francés

    17.01.2012

  3. Favor laboris

    23.12.2011

    <p><!--[if gte mso 9]><xml><w:WordDocument><w:View>Normal</w:View><w:Zoom>0</w:Zoom><w:HyphenationZone>21</w:HyphenationZone><w:PunctuationKerning /><w:ValidateAgainstSchemas /><w:SaveIfXMLInvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid><w:IgnoreMixedContent>false</w:IgnoreMixedContent><w:AlwaysShowPlaceholderText>false</w:AlwaysShowPlaceholderText><w:Compatibility><w:BreakWrappedTables /><w:SnapToGridInCell /><w:WrapTextWithPunct /><w:UseAsianBreakRules /><w:DontGrowAutofit /></w:Compatibility><w:BrowserLevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel></w:WordDocument></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml><w:LatentStyles DefLockedState="false" LatentStyleCount="156"></w:LatentStyles></xml><![endif]--><!--[if gte mso 10]><style>/* Style Definitions */table.MsoNormalTable{mso-style-name:"Tabla normal";mso-tstyle-rowband-size:0;mso-tstyle-colband-size:0;mso-style-noshow:yes;mso-style-parent:"";mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;mso-para-margin:0cm;mso-para-margin-bottom:.0001pt;mso-pagination:widow-orphan;font-size:10.0pt;font-family:"Times New Roman";mso-ansi-language:#0400;mso-fareast-language:#0400;mso-bidi-language:#0400;}</style><![endif]--></p><p class="MsoNormal">&nbsp;</p>

  4. Días de fiesta

    12.12.2011

  5. Lenguas muertas

    28.11.2011

  6. Descripción

    14.11.2011

  7. Letizia, ay.

    07.11.2011

  8. Sherezade en Babilonia

    24.10.2011

  9. Toledo, Serrano, Anguita

    26.09.2011

  10. Investigaciones filosóficas (11)

    20.09.2011

  11. Aggiornamento

    25.08.2011

  12. Voracidad lectora

    28.06.2011

    <p>He vuelto de Libia con pulgas en el est&oacute;mago y heridas en los dedos de tanto disparar. Para lo primero, antibi&oacute;ticos y dieta; lo segundo es leve. Encerrado en casa, persianas bajadas, aprovecho los &uacute;ltimos d&iacute;as de reposo para ponerme, misi&oacute;n imposible, al d&iacute;a. Leo <em>Oficio editor</em> de Mario Muchnik (El Aleph), <em>Acceso no autorizado</em> de Bel&eacute;n Gopegui (Mondadori), <em>C&oacute;mo cambiar el mundo</em> de Eric Hobsbawm (Cr&iacute;tica), <em>El seminarista</em> de Rubem Fonseca (RBA), <em>Cuentos reunidos de Malamud</em> (El Aleph), <em>El violento oficio de escribir</em> de Rodolfo Walsh (451), <em>Cr&oacute;nica personal</em> de Conrad (Alba),<em> La carte et le territoire</em> de Houellebecq (Flammarion), <em>Una historia sencilla</em> de Luis Velasco Blake (Caballo de Troya) y <em>Hammerstein o el tes&oacute;n</em> de H. M. Enzensberger (Anagrama). Releo, con motivo de su definitivo viaje ―la verdadera consagraci&oacute;n en Espa&ntilde;a― <em>Federico S&aacute;nchez se despide de ustedes</em> (Tusquets, 1993) de Georges, Jorge, Sempr&uacute;n y repaso las palabras que el linajudo ministro de Cultura, nuestro peque&ntilde;o Malraux nacional, le dedic&oacute; a Alfonso Guerra. Si existe eso que algunos llaman &ldquo;racismo de clase&rdquo;, hay p&aacute;rrafos que quiz&aacute; merecer&iacute;an esa consideraci&oacute;n. Extra&ntilde;o e impropio, en cualquier caso, para el hombre moral de Buchenwald. Harto de esto, de menudencias, vuelvo a uno de los grandes y, de tir&oacute;n, devoro <em>Todo modo y Muerte de un inquisidor</em> (Tusquets), antes Bruguera, de Leonardo Sciascia. Me duelen los ojos (de escuchar a los muertos, por decir con Quevedo) y las palabras bailan (sobre la tumba de Boris Vian). El mi&eacute;rcoles vuelvo a la actividad. Escaleras, llaves, pitillos nocturnos, galeradas, cubiertas a medio terminar: el universo editorial en marcha. Mi casa. Mientras quieran.</p>

  13. Engels y Don Jesús

    17.05.2011

    <p>Uno era comunista y empresario, prusiano y caballero victoriano; el otro, madrile&ntilde;o de origen c&aacute;ntabro, Frente de Juventudes y parco en palabras, tambi&eacute;n tuvo negocios varios. Engels, adem&aacute;s de gozar de la vida y producir mercanc&iacute;as y documentos, de los telares de Manchester a la Internacional, seg&uacute;n cuenta Tristram Hunt en <em>El gentleman comunista</em> (Anagrama, 2011), fue uno de los (dos) responsables de eso que luego se llam&oacute; <em>marxismo</em>. Entre Marx, el genio malhumorado, el Moro, y &eacute;l, Friedrich, un agudo te&oacute;rico y hombre de acci&oacute;n, cuestionaron el modelo capitalista. Polanco, Jes&uacute;s (de), fund&oacute; empresas y consolid&oacute; la presencia nacional (e internacional) de un grupo de comunicaci&oacute;n, PRISA, que ha impuesto su criterio ―&eacute;tico y est&eacute;tico― en Espa&ntilde;a y pa&iacute;ses de ultramar. Don Jes&uacute;s era defensor del libre mercado: apuntal&oacute; la socialdemocracia reformista ―el PSOE de Gonz&aacute;lez, por decir algo― sin tener especial inter&eacute;s ideol&oacute;gico. En <em>Polanco. El se&ntilde;or de El Pa&iacute;s</em> (Pen&iacute;nsula, 2011), Enrique Gonz&aacute;lez Duro, psiquiatra, ha mezclado con acierto la radiograf&iacute;a del personaje con la descripci&oacute;n minuciosa, puntillista, de una agitada &eacute;poca: del franquismo aperturista (suecas, dinero de la emigraci&oacute;n y planes de desarrollo) a la democracia <em>global</em> de mercado. Engels ten&iacute;a barba; Polanco, no. Cuando sus lugartenientes se afeitaron, Don Jes&uacute;s se sinti&oacute; m&aacute;s c&oacute;modo. Cebri&aacute;n, Don Juan Luis, primer director de <em>El Pa&iacute;s</em> e ilustre acad&eacute;mico, hijo de Don Vicente (director de <em>Arriba</em> y Secretario General de la prensa del Movimiento), sigue luci&eacute;ndola encanecida y algo rala. Ahora es un <em>gur&uacute;</em> de la <em>com.</em> Engels era comunista. Polanco, como cierra el libro, s&oacute;lo quiso hacer de <em>El Pa&iacute;s</em> &ldquo;el <em>ABC</em> de la democracia.&rdquo;</p>

  14. Lágrimas en Heathrow

    19.04.2011

    <p>He estado en Libia, vacaciones y sobresueldo, disparando contra mercenarios franceses. Monsieur Bruni, desde la altura de sus zapatos de tac&oacute;n cubano, quiere dividir el pa&iacute;s y quedarse con el petr&oacute;leo. Ni la UE ni Obama, sin embargo, lo ven tan claro: es la pol&iacute;tica del Hex&aacute;gono en &Aacute;frica, su tradici&oacute;n colonial. Regreso con escala en Londres. Sentado en el centro comercial de la Terminal 3, una chica asi&aacute;tica, veinte a&ntilde;os m&aacute;ximo, lloraba. Hablaba por tel&eacute;fono y lloraba. Cosas del amor, imagin&eacute;. Junto a ella, en banco cercano, una familia de saud&iacute;es o asimilados, <em>Ipod, Ipad, </em>port&aacute;tiles varios, miraba hacia otro lado. Termin&oacute; la conversaci&oacute;n, se recogi&oacute; el pelo con una goma y ocult&oacute; su desconsuelo con las manos. La escena era triste, casi conmovedora. Al levantar la vista, su mirada se cruz&oacute; con la m&iacute;a. Sonre&iacute; con ternura pretendiendo decir que fuera lo que fuera, no era para tanto; que el amor va y viene (sentimiento sobrevalorado); y que, pese al dolor, estaba seguro que se recuperar&iacute;a. Todo en un gesto. Nada m&aacute;s triste que la soledad ―y el llanto ahogado― en un aeropuerto. Su rostro, tri&aacute;ngulo de gato joven, se ilumin&oacute; con mi expresi&oacute;n. Baj&oacute; la vista (un ligero rubor de verg&uuml;enza) y sac&oacute; un pa&ntilde;uelo. Volv&iacute; a mi lectura: <em>La pena de B&eacute;lgica,</em> Hugo Claus, (Debolsillo, 2011), pero no pod&iacute;a concentrarme. Sent&iacute;a sus l&aacute;grimas. Busqu&eacute; de nuevo aquellos ojos de agua. En ese momento se levant&oacute; para comprobar la pantalla. Recogi&oacute; sus cosas, mochila, par de bolsas, y atraves&oacute;, con determinaci&oacute;n, el pasillo central. Al pasar a mi lado dijo: <em>thanks.</em> Dud&eacute; entre enamorarme (de la situaci&oacute;n) y recordar que el g&eacute;nero humano es la Internacional. Opt&eacute; por Althusser: &laquo;un comunista nunca est&aacute; solo&raquo;.</p>

  15. Schiffrin

    13.04.2011

    <p>No acostumbro a enfadarme con personas o animales. Suelo evitar los enfrentamientos y los cruces de palabras hirientes u ofensivos, ya que, en esencia, me producen desaz&oacute;n y aburrimiento. Doble trabajo se dice: enfadarse y desenfadarse. La vida es demasiado breve como para gru&ntilde;ir a la gente que nos rodea. Mi ira (y mi munici&oacute;n, si queda) va dirigida hacia otro sitio: bancos, gobierno, multinacionales, el<em> tardofranquismo</em> sociol&oacute;gico que cabalga por las tierras de Espa&ntilde;a, la miseria moral del mundo, la ignorancia creciente y galopante, las iglesias y sus ministros, etc. Enfadarse con un semejante, un ser cercano y querido, es como tirar piedras al mar pretendiendo que la ola no regrese: misi&oacute;n imposible. Estos d&iacute;as pasea por Madrid, Cuchilleros y la calle Toledo, abanico de peri&oacute;dicos bajo el brazo, el editor Andr&eacute; Schiffrin, coincidiendo con la salida de su nuevo dardo, &laquo;El dinero y las palabras&raquo;. Schiffrin habla ―la experiencia le arropa― de aumento exagerado de la rentabilidad, afiladas cuentas de resultados, porcentajes inalcanzables y despidos salvajes en el mundo de la prensa anglosajona. Insiste el maestro en la necesidad de preservar la biodiversidad cultural con librer&iacute;as independientes y saluda la aparici&oacute;n ―fen&oacute;meno global― de peque&ntilde;as editoriales que rompan (o traten de romper) el violento monopolio macho de los grandes grupos editoriales. Leo en los peri&oacute;dicos sus reflexiones y busco el libro en el anaquel de Pen&iacute;nsula: lectura obligada en el oficio, deber&iacute;a ser. Sospecho que en el negocio, actividad mercantil o lo que sea, cada vez se lee menos. El calor ha irrumpido en nuestras vidas <em>low-cost&nbsp; </em>y las primeras cucarachas, como mec&aacute;nicas flores negras, han sembrado de carb&oacute;n las calles del Raval</p>

Hitler


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