El blog del editor
14/09/2009
Zebina y Adrià
«Un home té la noció de la responsabilitat, i no perquè cregui haver escollit mai res, ningú no escull mais res, sinó perquè sempre pensa que hauria pogut escollir alguna cosa.» Así, violenta y radical, arranca Trànsit (Empúries, junio 2009) la primera novela de Díaz Acuña (Badalona, 1967), uno de los mejores textos literarios —escrito en catalán y pronto, espero, traducido al castellano— del año. La sobriedad formal de una inquietante historia de amor (presque l´amour fou) y el armónico compás de una prosa con ecos de Mitteleuropa envuelven una reflexión cruel, necesaria, sobre la incertidumbre, la impostura y el deseo. Aparece Spinoza, Ethica, IV, LXI: «Cupiditas, quae ex ratione oritur, excessum habere nequit» (el deseo que nace de la razón no puede tener exceso). Trànsit es, diría una faja promocional, una deslumbrante novela (in)moral. Tengo una antigua compañera de faenas que creo —sin entender todavía la razón— me aprecia. Estoy seguro que le encantará Trànsit. Para su sonrisa y sus ojos oscuros y discretos (con lunar) de espía francesa, copio esta anécdota. «Un amigo mío de izquierdas, cuando se encuentra por la calle con una hucha petitoria, tiene la costumbre de mirar con aire de sospecha la etiqueta de la hucha para a continuación preguntar: ¿Esto no será para los comunistas? Una vez recibida la respuesta tranquilizadora, hace un gesto despectivo con la mano y dice: Lo siento, pero en ese caso no puedo ayudarle, y sigue su camino. » Terry Eagleton, El portero (Debate, 2004, pag 118). Díaz Acuña y Eagleton, dos miradas transgresoras, inteligentes. Dos lecturas para gente cabal con (o sin) vida interior. Zebina, la mirada perdida, estaría de acuerdo con esta nota.
31 Comentarios
Luna Roi ( Lector ) (14 Setiembre, 2009; 13:18)
Mi abuela materna -mujer grande, en todos los sentidos: longeva, culta y muy vivida, pero gran sentimental (tal vez ese era su problema: un exceso de vida interior)- curiosamente susurraba la frase de Spinoza en negativo: 'el deseo, como no nace de la razón, querida, no tiene límite de exceso'. La 'vida interior' es un fraude burgués decimonónico que nos supieron vender a través de la literatura de calidad. De eso la burguesía sabe un rato. Como de la 'felicidad'. Por cierto, leí que Eagleton dice que una de las cosas más terribles de la palabra 'felicidad' es que es extremadamente débil: que 'evoca la idea de personas saltando unas contra otras con sonrisas maníacas en sus rostros'. Aristóteles hablaba de 'bienestar', no de felicidad. Y Eagleton prefiere 'plenitud'. Plenitud con todos en vez de contra todos. ¿No debería ser eso la sociedad?
