El blog del editor
30.06.2009
Nazis en acción
Entro en una librería, atravieso el territorio de los best-sellers y alcanzo la sección de Historia (narrativa). Ahí están. Al acecho. Siempre supe, como repetía mi abuelo, que habían ganado la guerra. La marcialidad de la Werhmacht, el decadente esplendor de las SS y la atroz Blitzkrieg. Observo portadas y títulos. Más de treinta libros nuevos abordan diferentes aspectos de la II Guerra Mundial. La mayoría analiza, hasta el detalle, el régimen nazi. He leído alguna de esas obras y destaco que, siendo críticos, los autores (muchos anglosajones) siguen fascinados por el nazismo. Está visto que el lector español, huérfano de la dramática experiencia que supuso para Europa la guerra 1939-1945, no quiere permanecer al margen de este acontecimiento. De los campos de exterminio a los científicos del Reich refugiados en EE.UU., pasando por La vita è bella, niños con pijamas de rayas y las novelas de Larsson. Los nazis, una vez más, han ganado la guerra y nosotros, ajenos por razones geopolíticas al conflicto, queremos ser víctimas de salón: sufrir por procuración. Península lanza, desde su atalaya, una ofensiva terrestre: Moscú, Stalingrado, Kursk y Berlín. Al mando, caballo blanco, Plaza roja, Georgi K. Zhukov, Grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial. Leo en la faja promocional: el Mariscal de la URSS que derrotó a Hitler. Es curioso como una sencilla oración contradice el mito de la ideología liberal-capitalista. La capitulación del Reich en los diferentes frentes orientales ha quedado minimizada frente a la potencia mediática del desembarco de Normandía. La operación Overlord, el Día D, es el relato fundacional de la moderna democracia de mercado. «Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul» dice Rick (Humphrey Bogart) en Casablanca.
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04.06.2009
Pincelada autobiográfica
He sido lector editorial y mercenario en Afganistán; jugador de polo, barman en Positano y traficante de arte sumerio. Conozco las reglas básicas del protocolo y puedo recitar, diversas lenguas, a Ovidio, Leopardi y Baudelaire. En las montañas del opio, cerca de Kandahar, he visto huellas de Alejandro el Magno, misiles tierra-aire soviéticos silbando marchas fúnebres y niños sin niñez con miradas de espanto. Ahora, retirado, vivo en conversación con los difuntos y vigilo despachos, un almacén y la escalera de esta empresa. No añoro nada y, sin embargo, añoro todo. Las fotografías de Agustí Centelles —Bram, 1939— aparecen ordenadas en el libro La maleta del fotógrafo. El meticuloso objetivo capta la sombra del exilio: vidas que nunca volvieron a ser lo que eran. Sabañones y piojos recorren las láminas estucadas. Los guardias, en el azul Mediterráneo francés, eran altos, violentos y senegaleses. Si la fotografía no es buena es que no estás demasiado cerca, decía Robert Capa. El punto de vista es la perspectiva del mundo: la escala geométrica y moral (política) de la realidad. He conducido camiones por desiertos africanos, amanecido, drogado, en una barcaza en el delta del Mekong, enseñado Ontología en París, escrito en Granma y disparado, con precisión, armas cortas. No recuerdo, la memoria es selectiva, haber matado a nadie. El olvido y el deseo forman parte de la inteligencia humana. No recuerdo haber matado a nadie (quizá lo haya olvidado). Atravieso las páginas, primeras noches calurosas, de Une histoire de la violence au Moyen-Orient de Hamit Bozarslan (Península, en otoño). En Kandahar, años atrás, sólo servían Mecca-cola.
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07.05.2009
Estrategia de connivencia
Sí, claro; por supuesto; faltaría más, ahora mismo lo hago; a sus órdenes; gracias, muchas gracias. La mentira, articulada como discurso activo de resistencia, sustenta las relaciones laborales. Generaciones de subalternos han aplicado con esmero la misma estrategia: sonreír. Si añadimos, además, que el empleado es mujer, la cosa se agrava: miradas oblicuas, insinuaciones, roces, falsas complicidades. El poder domina —el mono se puso de pie, illo tempore, para recibir medallas— por su potencia (es decir, por su posibilidad, aristotélica, de pasar de la potencia al acto). Leo, las noches son largas, Industrias de la conciencia. Una historia social de la publicidad en España de Raúl Eguizábal (Península, 2009) y De la miseria humana en el medio publicitario del Grupo Marcuse (Melusina, 2006). Ambos trabajos analizan, con precisión de orfebre, eso que se denomina la esfera de lo real, el espacio universal de la publicidad. Hemos pasado del neón a la interiorización de las historias ajenas: «la publicidad es indisociablemente un síntoma de la devastación del mundo y uno de sus motores». Nuestras conexiones neuronales ya no detectan ideas o referencias —están perdiendo esa capacidad— sino experiencias y sensaciones que, en la mayoría de los casos, provienen de laboratorios de análisis: lingüistas, neurólogos, publicitarios. Desconocemos la raíz de las cosas, su origen. El tiempo se ha dilatado hasta convertirse en un presente elástico, un plástico industrial, ficción de la ficción, en el cual las redes sociales (disuelto el tejido socio-asociativo) son los nuevos sujetos globales del consumo. Sí, claro; por supuesto; faltaría más, ahora mismo lo hago; a sus órdenes; gracias, muchas gracias.
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