Revista de prensa
28/06/2008
La memoria comunista
Pietro Ingrao, 93 años, comunista y soñador. Ex dirigente del Partido Comunista Italiano, ex presidente de la Cámara de Diputados, ex periodista y director de L'Unità. Escritor y poeta. Hombre dulce y sencillo. Hoy vive en un modesto piso romano, ayudado por una encantadora asistenta congoleña. Una foto del Che preside el salón. Mientras tomamos un café, él se abraza a la taza y narra. Sigue siendo un hombre brillante, idealista y romántico. Asume que el comunismo falló, que el asalto al Palacio de Invierno fracasó. Pero no se rinde. Sus recuerdos, su peripecia personal y política, como testigo y protagonista del siglo XX, subrayan el anhelo de cumplir un sueño infantil: coger la luna, atraparla con los dedos, cambiar el mundo. Pedía la luna es el título de sus memorias, que en Italia publicó Einaudi en 2006 y que ahora llegan a España. Y éste es un resumen de una conversación-monólogo. El hombre que perdió tira del hilo de la memoria y no encuentra explicación. Y se despide con una frase inapelable: "El capitalismo nos ha destruido, pero todavía no se ve".
PREGUNTA. Así que quería la luna.
RESPUESTA. A veces parece que se pueda atrapar. Sobre todo en mi pueblo [nació en 1915 en Lenola, región del Lazio] en verano y primavera, en las grandes noches estrelladas, cuando sale entre las montañas. De pequeño la quería coger, lo conté en un libro. Una noche, a la hora de irme a la cama, quién sabe por qué no quería hacer pis, que hacía siempre, y mi madre un poco desesperada llamó a mi padre, él vino y me dijo bromeando: "¿Qué quieres de regalo si haces pis?". Tengo la imagen como si fuera ahora. Mirando por la ventana hacia el valle y las montañas, vi la luna brillando sugestiva, y le dije: "Quiero la luna". Mi padre se echó a reír y dijo: "Hijo, no consigo cogerla". Así, la luna se convirtió en un símbolo de algo muy bonito que no se consigue coger.
P. Y en una metáfora de su lucha política.
R. Después establecí en mi fantasía una especie de ecuación entre la luna y las esperanzas que iban creciendo mientras Europa se destruía. La luna acabó representando la imagen de ese mundo nuevo que buscaba en la mitad de los años treinta y que después se precipitó en la catástrofe mundial.
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Por Miguel Mora, Babelia, El País


