Revista de prensa
20/08/2008
Anna Caballé reúne en un libro 47 retratos de mujeres
Dice --modesta en exceso-- la escritora que su nuevo libro, «El bolso de Ana Karenina», «es de piscina». Lo aligera así de la parcela de lo que es válido para cualquier día, mes o año. Sin embargo, Anna Caballé ha escrito, una vez más, un libro; pero no sólo para lectoras que deseen pasar un rato agradable. En esta ocasión, traza la semblanza de 47 personajes femeninos con la precisión que permite el relato corto, dos páginas por término medio, lo que no indica que se quede en la mera fachada. Por el contrario, interpreta a través de palabras los entresijos del alma de cada una de ellas sopesando los hechos que las condujeron por diversos caminos: tortuosos unos, desdichados otros o, en fin, dignos de interés en la pobreza y la riqueza, en la adversidad o en la dicha. Quizá a la autora que cuenta en su bibliografia con los volúmenes que llevaron el título común de «Breve historia déla misoginia» se le antoja su nuevo libro de menor trascendencia, pero lo cierto es que sus retratos de mujeres, sean en blanco y negro, sepia o color, van acompañados de una radiografía tan exacta y transparente que ofrecen las luces y las sombras de vidas siempre interesantes.
Pasado y presente se funden en los nombres de Hannah Arendt, María Callas, Isadora Duncan, María Antonieta, Clarice Linspector, Susan Sontag y María Zambrano en un etc. en el que caben, María Moliner, Colette, Margueritte Duras, Iris Murdoch, Elizabeth de Baviera, Peggy Guggenheim... Así podríamos continuar citando hasta alcanzar el número ya mencionado: 47.
Cuenta Caballé, profesora de Literatura en la Universidad de Barcelona y colaboradora de ABC, amén de autora de jugosos títulos, que la idea de reunir en «El bolso de Ana Karenina» a personalidades tan diferentes nació cuando releía «Curso de literatura rusa», de Nabokov, que a su vez la indujo a la lectura de la biografia del autor de «Lolita», de Brian Boyd, obra en la que se alude a las clases de literatura rusa que Nabokov impartió en la Universidad de Stanford.
Curiosamente, el escritor podía pedir a sus alumnos que confeccionaran una lista de los objetos que Karenina llevaba en su bolso antes de arrojarse a la vía del tren. Piensa Caballé que esa tarea supone «un esfuerzo de concentración y un notable conocimiento de la novela, siendo, asimismo, un forma sutil, aunque contundente, de averiguar si se es capaz de intuir el alcance real de la experiencia estética».
La escritora, en la introducción del libro que publica Península, intenta responder al examen de Nabokov. Parece seguro que éste la habría más que aprobado, ya que la escritora parte de la base de que un bolso de mujer «es un parapeto ante la mirada ajena, pero, al tiempo, un emisor de señales», tal vez porque Caballé atiende no sólo a los hechos, sino a los sutiles pliegues que hacen especial cada vida humana. Explica que en este caso tantea «la específic idad de algunas vidas a partir no tanto de los logros como de las dificultades».
Quizá la sensación tras la lectura del libro que nos ocupa radica en que su autora confiesa hacerse cargo de la dureza oculta tras la emancipaciónlemenina. Y añade: «Las mujeres que han inspirado estas breves semblanzas son, por decirlo de una forma figurada, parte de mi propio bolso». Por Trinidad de León-Sotelo, ABC.


