El blog del editor
07/04/2008
De gatos y rosas
La literatura y el ensayo (antiguas actividades intelectuales destinadas hoy en día a la fabricación y distribución industrial de best-sellers con aspecto de novela -ay, el folletín decimonónico- y libros varios de non-fiction, no queremos profundizar en nuestras “zonas de mejora” ni dejar de fumar cada quincena), me han atacado con alevosía, doble nocturno de tela, en forma de traicionera y pesada caja de libros. Como al gato -todos los gatos (las rosas) son el gato (la rosa), al decir de los modernii, aquellos valientes seguidores del maestro de Ockham- la curiosidad me ha postrado. Fue hace ya unas semanas, estando, cómo no, de ronda nocturna. Quise mirar -locus ille silentiis- en las tinieblas exteriores (y más allá) que se vislumbran tras las cajas recubiertas de polvo. A modo de Harrijasotzaile de Leitza en funciones custodias, levanté la carga con un esfuerzo que mi espalda juzgó extraordinario. Entre el peso del papel y la (falsa) tensión de la noche electoral, mi rígida anatomía crujió. El resto es silencio, Shakespeare dixit; silencio, reposo, malaleche (habitual) e iboprufeno. Soy consciente de que nadie me habrá echado de menos y no pido disculpas por este prolongado silencio, costumbre extendida entre articulistas varios que justifican sus ausencias pensando, entre la vanidad y la inocencia, que nos importa. Dicho esto, retomo el asunto donde lo dejé, es decir, en ningún sitio concreto, mientras paso páginas con deleite del excelente libro -las grandes novelas existen todavía, sólo hay que saber buscarlas- de Bernard Malamud (1914-1986), El dependiente (1957), que El Aleph publicó en septiembre de 2007, el mismo mes que, el destino nos proteja de la superstición, empecé a vigilar, sin pistola ni arma disuasoria alguna, los pasillos y salas de esta editorial.
1 Comentarios
George ( Lector ) (27 Abril, 2008; 09:59)
Dejé dicho, digo, al hilo de los gatos y las heridas que cicatrizan -los cambios vitales es lo que tienen- lo que ya dijo el poeta: Los amantes fervientes y los sabios austeros adoran por igual, en su estación madura, al orgullo de casa, la fuerza y la dulzura de los gatos, tal ellos sedentarios, frioleros. Los gatos son la burguesía, los gatos son el gato Teodoro W. Adorno de Cortázar, el gato bajo la lluvia de Hemingway... Recomendar otro Malamud: el reparador. Bendito Malamud. Desolador Malamud, narrador judío de lo judío.
